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9 mayo, 2020

“¡O sea, sí se podía! o lo que deberíamos aprender de la(s) crisis que hemos vivido”, por John Atkinson-Abutridy


John Atkinson-Abutridy, PhD. Ing. Civil y Máster en Ciencias de la Computación por la U. Técnica Federico Santa María. Doctorado en IA por la U. de Edimburgo, Escocia. Profesor titular de pre y postgrado, Fac. de Ing. y Ciencias de la U. Adolfo Ibáñez.

Hace un par de años atrás, escuchaba un reportaje en la radio sobre el mal servicio a clientes y en general, las quejas de ellos sobre muchas empresas de servicios, retail, telecos, etc.

A raíz de eso, un periodista español entrevistaba a un ejecutivo de la cadena El Corte Inglés en Madrid sobre las quejas de los clientes por la mala calidad del servicio, etc. El ejecutivo hablaba mucho de lo que han hecho, o querían hacer, el compromiso con los clientes, etc., pero en la práctica los clientes no veían cambios, por lo que seguían los reclamos.

Al poco tiempo, Amazon llega con toda su fuerza y logística a España, y de la noche a la mañana, la cadena comenzó a fortalecer sus canales online y mejorar su calidad de atención. Debido a esto, el mismo periodista fue a entrevistar nuevamente a los ejecutivos de la cadena Española, pero esta vez no comenzó con una pregunta, sino que acercó su micrófono y sentenció “Ah, o sea, sí se podía”.

Vale la pena analizar dos mensajes que nos envía situaciones como la anterior:

(1)   Muchas actividades que no se han mejorado o adaptado por años a las nuevas realidades, a veces requieren de incentivos perversos o golpes bruscos para que finalmente puedan cambiar.

En particular, a pesar de la crisis que estamos viviendo con la pandemia mundial y sus efectos negativos, se pueden observar muchos efectos positivos e interesantes de analizar para Chile (y quizás, para varios de nuestros países vecinos). Sólo por nombrar algunos:

  • Varios organismos/empresas construyen ventiladores mecánicos de urgencia para los hospitales (i.e., Universidades, Centros de desarrollo, organismos como ASMAR, etc).
  • Se activan y fortalecen servicios de tele-medicina, especialmente aquellos que hasta ahora habían sido sólo pilotos.
  • Centros científicos nacionales desarrollan tests rápidos y baratos para el covid-19, y/o se encuentran trabajando en posibles vacunas para el virus.
  • Varias industrias se re-inventan y, además de sus productos actuales, comienzan a producir gel, mascarillas, etc.
  • Y así, muchas otras iniciativas gatilladas por esta crisis.

Aunque por ahora la mayoría de esto se ha enfocado en necesidades en el ámbito de la salud, se puede extrapolar fácilmente a muchos sectores transversales de la actividad nacional.

(2)   Un efecto co-lateral alentador que produce el «mensaje» anterior es que, teniendo las condiciones e incentivos adecuados, podríamos avanzar hacia un sistema más auto-suficiente y autónomo como país, que fuera capaz de generar y “consumir” su propia producción y seguir interactuando con el mundo, incluso diversificando exportaciones. Esta es una característica prácticamente de sobrevivencia desde la teoría de sistemas, muy en la línea de un sistema autopoiético. Sin embargo, esto además debe adecuarse al contexto internacional en el que todos estamos conectados con todos, como efecto de la globalización, por lo que no podemos aislarnos, pero tampoco podemos depender extremadamente en otras latitudes o lo que ocurre en ellas. Y es en este último aspecto donde Chile, por muchos años, ha caído peligrosamente, llegando a enfocarse mucho más en lo económico que en lo estratégico, alejándose de un balance más racional.

Chile, por muchos años, ha caído peligrosamente, llegando a enfocarse mucho más en lo económico que en lo estratégico, alejándose de un balance más racional.

Las consecuencias del bias anterior están a la vista: una matriz productiva escasamente diversificada (ej. cobre, cobre, cobre,…, ahh y otros, se me olvidaba 😊), bajo valor agregado de la producción y exportación, dependencia masiva en muchos insumos, productos, servicios y tecnologías críticos desde otros países, etc. Pero ejemplos más lamentables siguen a la vista: la administración de recursos vitales nacionales (ej. agua, luz, etc) están en manos extranjeras. Esto último no tendría nada de extraño si fuera la externalización de servicios comerciales de diversos rubros productivos comunes, pero lamentablemente estamos hablando de recursos estratégicos para cualquier país. No, esto no está llamando a la nacionalización sino que a ser más racionales en nuestras actividades y producción en general, de modo de equilibrar justamente lo estratégico con lo económico.

Luego, podríamos convivir perfectamente siguiendo conectados en forma competitiva a la red global y a la vez siendo capaces de ser más auto-suficientes, de forma tal de generar más capacidades internamente que reduzcan los impactos globales, generando nuevas oportunidades. Claramente, ni siquiera las grandes potencias se escapan de sufrir los azotes de crisis globales, y no sólo de está sino de otras crisis no-sanitarias también. Sin embargo, lamentablemente nosotros dependemos de ellos (y no por nuestro tamaño!!), y en muchas ocasiones injustificadamente, sólo porque la mentalidad por años ha sido “lo de fuera es mejor”.

Existen muchos ejemplos en que potenciar una mayor autonomía y producción propia sería trivial, pero se continúa actuando sin mucha lógica. Por ejemplo, a través de BECAS-CHILE el estado ha invertido muchos recursos en otorgar becas para perfeccionamiento en el extranjero y formar masa crítica altamente calificada (ej. doctores, investigadores, etc). Sin embargo, muchos becarios (aquellos que no tienen contratos previos), vuelven al país y están sin trabajo!!.

Aunque puede existir falencias perfectibles en el retorno de los becarios, existe un problema mayor: el estado o privados forman comités o son asesorados por supuestos expertos internacionales. O sea, el estado invierte un montón, tiene gente altamente capacitada y luego le “da la espalda” prefiriendo lo de afuera porque claramente traer alguien de “Ja-Ja-Jarvard” o del MIT (Machali Institute of Technology) o de la Universidad de Ozfor, suena más cool y más serio. Sin comentarios.

Muchos se recuerdan lo acontecido con el famoso “Informe Big Data” que solicitó el gobierno en plena crisis social, meses atrás, del cual comenté en otro blog. Sin embargo, aparte de todos los inconvenientes de dicho documento, quizás muchos no se percataron un detalle no menor: este fue encargado a una empresa de otro país!!. Ningún país en su sano juicio encarga informes de inteligencia a organismos extranjeros (incluso aunque fuera un buen infome). Una historia diferente es cuando los países colaboran y comparten información estratégica a ese nivel. Pero, nuevamente no es un problema del gobierno actual ni del estado, sino de nuestra mentalidad que en general gira en torno a traer lo del extranjero.

Claramente traer alguien de “Ja-Ja-Jarvard” o del MIT (Machali Institute of Technology) o de la Universidad de Ozfor, suena más cool y más serio. Sin comentarios.

Ojalá lo anterior fuera un tema puntual y una excepción, pero es masivo y un problema endémico que no se resuelve con leyes, constituciones, políticas públicas, reglamentación, etc, sino que con un cambio de actitud, que lamentablemente, está tan arraigada en mucho de lo que hacemos, que podría apostar a que muchos ni siquiera lo perciben, porque casi es parte de la Chilean way. Y esto, no es sólo responsabilidad del estado sino de nosotros mismos: no podemos siempre seguir echando la culpa al empedrado. Más aún, en varios abusos cometidos por empresas, organizaciones, etc que nos hemos quejado a diario (ej. colusión del papel higiénico), nuestra actitud indolente e indiferente, ha sido una de las principales causantes. Por ejemplo, desde que ocurrió dicha colusión, en lo personal nunca más compré papel de las marcas coludidas, aunque sea el único haciendo el ridículo en el supermercado, pero el objetivo es enviar una señal, y no esperar después a que crezca la bola de nieva, estalle y nos quejemos como pobres «víctimas”, siendo que nosotros no fuimos coherentes con las señales al mercado ni tampoco, pensamos en el impacto en los demás. Es sólo un ejemplo, pero que refleja justamente el cómo nuestras propias actitudes podrían cambiar no sólo sistemas completos sino que comportamientos colectivos, si es que somos conscientes.

Luego, si ya lo hemos mostrado en la crisis actual, ¿Por qué no podemos “trabajar” hacia una mayor auto-suficiencia y autonomía como país? Lo potente de esto no va solamente en la reducción de la extrema dependencia en lo proveniente del exterior sino en la generación de nuevas oportunidades profesionales, nuevos rubros, alineación del sector privado con el académico, generación de recursos propios, exportación con valor agregado nacional en servicios/productos no tradicionales, re-surgimiento de industrias, exportación de ciencia y tecnología nacional, etc, todos claramente impactando positivamente la economía y la vida de las personas. Y no vamos a descubrir la rueda, muchos países desarrollados tienen esta estrategia como parte de su ADN tanto en términos de su producción y exportación (i.e., Canadá, China, Japón, etc) como también de los profesionales que atraen desde otras latitudes (i.e., Australia, Nueva Zelanda, Canadá, etc). Sólo por nombrar una de las múltiples prácticas interesantes: algunos países sólo contratan profesionales desde el extranjero que se encuentren en áreas críticas para el país y en donde existe insuficiencia local de dicho tipo de profesionales. Incluso hubo ejemplos más cercanos a nuestra realidad: en los 90s, Brasil comenzó a desarrollar la industria de computadores para su propio abastecimiento, y en menor medida para exportaciones, eran computadores buenos y de bajo costo, aunque un poco grandes y a veces con varias fallas, pero por algo se comenzaba, para posteriormente mejorar la producción. Tiempo después dejó de producirlos, pero su experiencia sirvió para el desarrollo y comercialización de hardware.

Sea lo que sea, DEFINAMOS y ACLAREMOS nuestra identidad, de lo contrario seguiremos reaccionando a lo que hacen las grandes potencias y dependiendo fuertemente de lo que acontece en otras latitudes.

Entonces, ¿En qué topamos?. Por un lado, se requiere que el estado defina una estrategia clara de hacia dónde deseamos ir en los próximos años. Si queremos seguir siendo un país experto en hacer copy-paste de todo lo de fuera?, si queremos ser un país que desarrolla su propia industria nacional y sigue exportando pero de mejor calidad y diversificación?, si queremos ser un país experto en Ingeniería Reversa (i.e., copiamos lo de fuera, lo desarmamos para entenderlo y luego construimos lo propio para venderlo – como China)?, etc etc. Sea lo que sea, DEFINAMOS y ACLAREMOS nuestra identidad, de lo contrario seguiremos reaccionando a lo que hacen las grandes potencias y dependiendo fuertemente de lo que acontece en otras latitudes, y donde los más necesitados siempre pagarán las consecuencias.

Por otro lado, nosotros como individuos debemos ir cambiando gradualmente nuestra mentalidad, creyendo y confiando más en nuestras propias capacidades, para atrevernos a pensar en grande y más allá del metro cuadrado, y salir de nuestra famosa «comodidad”. Y acá he visto todos los obstáculos primitivos, habidos y por haber, tanto en el ámbito privado como en el público. Aquí un par de “joyas” que justamente han atentado contra una mentalidad de mayor autonomía, y de mejor vinculación con el mundo:

  • “Somos un país pequeño, así que no podemos competir contra los Chinos, etc”: al parecer algunos han quedado en el pasado, y se han olvidado que estamos en el 2020, en donde las mayores luchas no se ganan por tamaño sino que con buenas estrategias y seriedad en lo que se hace. Interesantemente, China, una potencia mundial de gran tamaño, ha comenzado a experimentar una merma importante de confianza del mundo, y que verá una reducción importante de su producción, donde el resto del mundo ya está comenzando a mirar otras potenciales economías emergentes.
  • “Para que vamos a producir una industria propia en X si es cosa de traerlo desde fuera”: esta mentalidad se ha visto muy arraigada en varios rubros industriales locales, que por desconocimiento de las capacidades y recursos nacionales, simplemente prefieren cosas de “nombre” que supuestamente los avale, que incluso son más caras que lo nacional. Esto quizás tiene sentido en temáticas muy específicas que no están cubiertas en Chile, pero no así para el resto. A veces las soluciones son graduales pero simples. Recuerdo que en el año 2007, fui invitado por un grupo de empresarios a una misión tecnológica financiada por CORFO, a varios países europeos. Visitamos empresas y otros organismos de interés para las empresas que viajaban, pero a la vez en el viaje socializamos obviamente bastante entre nosotros, al punto de entender bien los problemas que tenían estas empresas chilenas. Al regresar a Chile, CORFO solicitó un informe de la misión (i.e., resultados obtenidos, recomendaciones, etc) y aunque soy un firme opositor a la burocracia y las tremendas “biblias” de postulación de proyectos, sugerí que en el formulario que las empresas llenan para financiamiento de la misión, se agregue al menos UNA página, simple, UNA página!! en la cual se justifique que la tecnología/solución que busca la empresa NO se encuentra en Chile (y por tanto, justificaría la exploración en otras latitudes). Posteriormente, CORFO organizó una reunión presencial con todos quienes participamos en dicha actividad, y me sorprendió que a un par de empresarios no les gustó mucho la propuesta puesto que consideraban que viajar a otros países igual era útil. Acá es donde comienzan los conflictos existenciales: si es que Ud. está solicitando recursos públicos para viajar y ver “qué pasa” ó realmente porque, después de mucho búsqueda, se dio cuenta de que su solución no estaba en Chile.

Así, con todo lo “negativo” de esta crisis, esta nos está entregando señales positivas de un enorme potencial en cómo vemos el mundo y cómo nos podríamos ver nosotros mismos, experimentando los impactos positivos económicos y sociales que traería un país que fuera más auto-suficiente y al mismo tiempo con una vinculación “recargada” con el mundo con algo más que decir que una simple cultura del “copy-paste” ó de “lo de fuera es mejor”.

Como individuos, debemos cambiar gradualmente nuestras actitudes, creyendo y confiando más en nuestras habilidades, pues ello afectará significativamente lo nuevo qué podemos hacer como país. Sin embargo, se debe estar atentos a actitudes arraigadas en mucho del subconsciente colectivo que claramente atenta contra lo anterior tales como la falta de rigurosidad, falta de compromiso (lo que se dice versus lo que se hace), los excesivos egos, etc que nos pueden hacer creer lo que no somos ó generar una realidad “virtual” que no existe. Y de esto, se ve mucho en esta crisis, y en particular en redes sociales: 17 millones de epidemiólogos, una cantidad un poco menor de expertos en predicción de contagiados, y así. El posicionamiento real de los países no se construye hablando de lo buenos que son, sino que mostrando con hechos serios y comprobables, que efectivamente lo son.

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Posted on: May 09, 2020

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