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¿Qué son realmente los bots y cómo influyen en la difusión de ‘fake news’?

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las redes sociales desde hace años es a la desinformación y la difusión de bulos y noticias falsas, las denominadas fake news, con las que se trata de confundir a los usuarios de forma interesada y obtener algún beneficio, ya sea la propagación de un rumor, dañar la reputación de una empresa o institución o incluso influir en las intenciones de voto de los usuarios.

Si el fenómeno ya era preocupante y las principales compañías de Internet habían adoptado numerosas medidas para luchar contra su propagación antes de la pandemia de la covid-19, la situación de emergencia para la salud pública no ha hecho sino aumentar la desinformación en las plataformas sociales con todo tipo de intereses. Tanto es así que las principales redes han adoptado medidas excepcionales durante las últimas semanas e incluso la Organización Mundial de la Salud ha señalado una nueva palabra: “Infodemia”, para hacer referencia a la total desinformación que circula, principalmente online, sobre el coronavirus.

Otro término que también ha alcanzado gran popularidad durante las semanas de confinamiento ha sido el de los bots, a los que se achaca la popularización de las fake news, pero que no sólo pueden servir para desinformar. También hay cierta confusión en torno a lo que realmente son los bots y cómo pueden emplearse de forma intencionada en las redes sociales. Ni todo son bots ni es tan fácil como se piensa orquestar una campaña con ellos en Internet.

Un bot, palabra que resulta de acortar “robot”, no es más que un programa informático que se desarrolla para realizar tareas de forma automática en Internet. Generalmente, son tareas mecánicas  que de manera manual tardarían mucho en completarse, y que un sistema automático puede completar en cuestión de segundos como, por ejemplo, dar miles de “me gustas” a los contenidos publicados por una cuenta determinada en redes sociales o dejar cientos de comentarios en ella.

Se trata, por tanto, de programas automáticos que no pueden ser desarrollados por cualquier usuario a no ser que tenga conocimientos informáticos avanzados, sepa cómo crearlos, instalarlos en un servidor o un equipo (ordenador, teléfono móvil…) y hacerlos funcionar con precisión. Lo que ocurre es que es relativamente fácil acceder a personas o usuarios en Internet que ofrecen este tipo de servicios. Basta con darse una vuelta por las propias redes sociales para encontrar anuncios con ofertas en la compra de “likes” o incluso de seguidores, en los que de forma automática se añaden followers a un determinado perfil para hacer crecer -aunque de manera ficticia- su influencia.

En definitiva, lo que hacen es imitar acciones humanas con diversos objetivos, siendo uno de los más recurrentes el de influir en la difusión de determinadas noticias e informaciones. Esto es así porque la mayor parte de las redes sociales emplean algoritmos para ordenar los contenidos que muestran a cada usuario y seleccionan, de entre todas las actualizaciones, aquellas que consideran que pueden interesarle más o son más relevantes. Para llevar a cabo este ejercicio de selección, los algoritmos se fijan en decenas de variables, que además son diferentes en unas redes sociales y en otras, pero en prácticamente todos los casos tienen en cuenta que una publicación haya recibido muchas interacciones, es decir, muchos “me gustas”, muchos comentarios, que se haya compartido repetidamente… porque son indicadores de que se trata de un contenido relevante.

Es por este motivo que hay quienes “compran” me gustas y comentarios en las redes sociales, para tratar de engañar a los algoritmos. De todas maneras, si fuera tan sencillo, bastaría con gastar unos cuantos euros en poner a funcionar un bot para conseguir cualquier objetivo. Sin embargo, se emplean muchas otras variables a la hora de ordenar los contenidos y se tiene en cuenta el tipo de contenido, la hora de actualización, el histórico de actividad del usuario con la página en cuestión… y decenas de aspectos más.

Además, la mayor parte de las redes sociales emplean sistemas de Inteligencia Artificial que reconocen patrones de comportamiento extraño y son capaces de reconocer intentos de sabotaje de manera automática. Además, también dedican personal a velar por el correcto funcionamiento de las plataformas, ya que este tipo de acciones automatizadas están prohibidas en todas las redes sociales, y moderan tanto las actividades que detectan sus sistemas como las que reportan los propios usuarios, que son quienes en muchas ocasiones dan la voz de alarma al detectar cuentas con movimientos sospechosos.

Esto supone que, en realidad, la gran mayoría de intentos de “sabotear” al algoritmo para que posicione mejor un determinado contenido sean detectados por las redes sociales y, en cuestión de horas, sean eliminados esos “me gustas” o “seguidores” fraudulentos. Hay ocasiones en los que la iniciativa sí consigue su objetivo, pero esto ocurre pocas veces. En líneas generales, la única manera de burlar a los algoritmos es orquestar campañas más avanzadas, empleando por ejemplo “granjas de perfiles” (redes de cuentas cuyos propietarios se organizan para llevar a cabo una acción de forma coordinada, por ejemplo, dar todos “me gusta” a un determinado contenido publicado por una organización afín a una hora determinada.

También se puede recurrir a emplear distintos tipos de bots, tecnológicamente más desarrollados y que sean capaces de imitar el comportamiento humano. Utilizando además técnicas de Inteligencia Artificial se puede conseguir una recreación más similar, pero obviamente esto no está al alcance de cualquiera. Son necesarios complejos conocimientos técnicos y realizar importantes inversiones monetarias.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que, al ser realmente fácil comprar seguidores o paquetes de “me gustas”, también hay quien recurre a estos bots y los adquiere no solo para sus propios perfiles ni para lograr la difusión de un determinado tipo de contenido, sino para hinchar artificialmente los números de su competencia, sabedor de que, al detectar una actividad inusual en la cuenta, la red social le apercibirá o incluso podría llegar a bloquearla. Si además, el aumento de followers o interacciones transciende a la opinión pública, esto generará una crisis de reputación para el competidor.

Publicado originalmente por Cuarto Poder

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